Beethoven

 

Rasgos del experto

Creatividad

* Beethoven no acostumbraba a componer sentado frente al piano, sino de pie o en su mesa de trabajo, anotando en cuadernos de notas todo aquello que se le pasaba por la cabeza. Los largos paseos que gustaba dar también despertaban su capacidad creativa y, por lo tanto, se sabe que pocas veces salía de casa sin un libro de notas en el bolsillo.

 

 

 

Ludwig van Beethoven componiendo

Una visión idealizada de Beethoven componiendo su Sexta Sinfonía "Pastoral" en el bosque, obra de Johann Nepomuk Geiger

 


* En la tercera sinfonía ("Heroica") marcó la ruptura con los cánones del Clasisismo. Su extensión era tres veces mayor que la de cualquier sinfonía de la época y, en su Finale, una melodía de contradanza deriva en variaciones contrapuntísticas muy complejas, que culminan en una coda apasionada y titánica. Nunca nadie, en ninguna sinfonía, había prolongado tanto un primer movimiento ni había trabajado tan sutilmente la graduación sonora de la coda.
En una de las partituras de esta sinfonía Beethoven escribió: "Crear hacia lo amplio, hacia lo estrecho, hacia lo alto y hacia lo profundo".
Beethoven supo desarrollar en toda su plenitud, hasta agotarlas, las formas del Clasisismo musical y, al mismo tiempo, tender un puente hacia el Romanticismo.

* En la Novena Sinfonía ("Coral") se atrevió a unir la voz humana a la masa orquestal sinfónica. Pese al dolor y soledad (Beethoven estaba totalmente sordo), lo hizo con la "Oda a la alegría", de Schiller. En la presentación, cuando la sinfonía concluyó, el teatro estalló en aplausos. El primer violín de la orquesta lo hizo girar para que viese cómo el público lo viroteaba. Los ojos de Beethoven se cubrieron de lágrimas. A los 54 años, había creado una obra insuperable y, una vez más, lo había logrado transgrediendo los cánones tradicionales.

* En el Burgtheater, Beethoven realizó un concierto doblemente significativo: era el primero que llevaba a cabo de manera independiente, es decir, fuera de los salones de la aristocracia; por otra parte, junto con su Septimio (op. 20), en esta audición estrenaba su Primera Sinfonía (op. 21). El auditorio escuchó una obra maestra, fruto de mucho trabajo y de una técnica renovada. Aunque el Andante, al igual que el movimiento final recordaba a la impronta sinfónica de Haydn, en especial por la incorporación de temas y ritmos populares, ya en el primer compás el público pudo apreciar un nuevo tratamiento del sonido. Comenzar una sinfonía con un acorde de séptima dominante era en ese momento un atrevimiento temerario. También la ritualidad de utilizar el título de "Menuetto" para encabezar un allegro molto vivace sabía a ironía, porque, de esta manera flagrante, Beethoven anunciaba que los salones de la alta sociedad no eran el destino inevitable de toda sinfonía: libre de los habituales ritmos y melodías de las danzas rococó, hasta un Allegro podía dejar de ser un mero convencionalismo para constituirse en parte integrante del organismo sinfónico.

* La Octava Sinfonía, en fa mayor (op. 93) sorprende por su brevedad -dura 24 minutos- y por los rasgos de humor, como cuando, en su segundo movimiento, imita el sonido del metrónomo.

* El Concierto número 5 para piano, llamado "Emperador", constituye una revolución en el género desde su mismo comienzo: la orquesta, concebida como instrumento, marca al unísono el tema y el ritmo que luego desarrolla el piano en un diálogo enérgico e ininterrumpido con el conjunto instrumental.

* Las primeras sonatas muestran la impronta del estilo clásico. Pero la Sonata para piano núm. 4 (op. 7), en cambio, ya exhibe el inconfundible estilo del músico de Bonn. El extenso Largo, de honda melancolía, contrasta con los demás movimientos.

* Las Sonatas núm. 13 y 14 (op. 27) marcan un rumbo nuevo. La escrita en do sostenido menor, conocida como "Claro de luna", no se atiene a la clásica "forma sonata". La cadenciosa sucesión de los acordes iniciales crea un clima íntimo conmovedor, que escapa de las fórmulas y los modelos convencionales de la época.

* La sonata para piano núm. 21, "Waldstein (op. 53), se destaca por las "cascadas" sonoras del comienzo y, en abierto contraste, el virtuosismo del rondó. Los rasgos sinfónicos presentes en esta obra se encuentran aún más reforzados en la Sonata para piano núm. 23 (op.57), conocida como "Appassionata". En un despliegue brillante, el piano se nutre, enriqueciéndose, de una concepción puramente orquestal, con sutiles relaciones intertemáticas.(La leyenda cuenta que para componer esta sonata, Beethoven se inspiró en unas gotas de lluvia caídas al azar sobre un pentagrama en blanco)

* El cuarteto para cuerdas núm. 10 en mi bemol mayor, conocido como "Cuarteto de arpas", transforma el tema principal en do menor de la Quinta Sinfonía en su Presto y confiere al contrapunto una perspectiva dramática hasta entonces desconocida.

* En los últimos cuartetos, núms. 12 al 16, Beethoven tiró por la borda todas las convenciones. El núm. 13 (op. 130) cuenta con seis movimientos, y el núm. 14 (op. 131), con siete. Algunos expertos los consideran como las mejores composiciones creadas por el maestro alemán.

* En el cuarteto para cuerdas "Grossefuge" (op. 133), dedicado al archiduque Rudolph, su amigo y alumno, Beethoven renueva la técnica del contrapunto.

 

Firma original de Beethoven
Firma original de Beethoven

 

"La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía"
Ludwig van Beethoven

 

 

Fondo musical: Tercer movimiento de la Sonata para piano núm. 8 (op. 13), "Patética"

 

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© Sara Neiret 2004